RAFALLELY EL VAMPIRO CAPITULO I
RAFALLELY
EL VAMPIRO

CAPITULO 1 EL CAMPANARIO
Miércoles, en una congelante noche de otoño, el frió helaba el blanquecido cuerpo de Rafallely que yacía en la acera por la callezuela del puerto, ahí se encontraba junto al pie del pórtico de la casa de su amada Luna, esperando minuto a minuto se le oprimía el corazón; pasadas las horas la nieve se acunaba espesa por encima de las copas de los árboles, ya casi amanecía y el sol pondría de pie a los pueblerinos de la conservadora ciudad de Acema y pronto le irritaría la piel a Rafallely. Otra noche mas y de nueva cuenta había fracasado en el intento de volver a ver los ojos de Luna, se sentir su piel húmeda, de sostener por un instante su boca entre sus afilados dientes, se perdió de un encuentro maravilloso donde quizá esa noche podía dar inicio a una fantasía anhelada por Luna.
La televisora anunciaba los fuertes fríos pronosticados para la semana. Luna tomaba un café cargado, sentía que a cada trago le explotaría el cerebro.
-Cielos ya casi las nueve. ¡Ya me estoy hartando de vivir a diario lo mismo! Quisiera, quisiera…
-¿Quisieras? Responde su amiga Dian que esa noche se había quedado acompañando a Luna porque seguido la inseguridad la tomaba presa.
-Si- responde Luna, mantenía fija la mirada en el danzar de la mecha de una vela situada a su derecha sobre el buró viejo, tenia que escribir poesía, el proyecto ya estaba cerca y ella se encontraba vacía, así la habían dejado los falsos amores, necesitaba sentirse viva, sentirse amada y solamente brotaría la inspiración de su alma para volver a recobrar interés y salir de ese bloqueo creativo muy dado en los artistas cuando se quedan solos.
Espero a que Dian se durmiera completamente, en fin ya hacia un poco mas de las tres de la mañana y el sol pronto anunciaría su llegada. Luna pensando en recobrar el gusto, la alucinación y el sentido para crear pero no podía se sentía divagar en nada. Y mientras ella pensaba todas las noches enclaustrada en su abandono, no se daba cuenta que quizás la fuerza que necesitaba andaba rodando noche a noche por su casa.
Tomo el ultimo trago de café ya frió, se puso un abrigos y salio al frió, caminando por mucho en la pequeña ciudad de los vicios sobre las calles huecas, esas por las que algún día camino de la mano de distintos caballeros que solo le habían traído sufrimientos, su único consuelo era que nunca se había enamorado de alguno, solo salía por diversión, mas nunca había cometido la desgracia de la promiscuidad de amanecer desnuda y con un monstruo de hombre al costado, vieja quizás pero aun guardaba aquel momento especial el cual compartiría en un futuro su ella lograba salir de la soledad, porque para vistas del año próximo estaría programado su suicidio.
Continuaba caminando atravesando el espesor de la bruma que helaba su pequeña y respingada nariz, caminaba y pensaba, caminaba y pensaba…
Fue así hasta que lego al centro de la ciudad donde inquietante miraba la hermosura que proyectaba el jardín de la fuente de aun costado de la iglesia, y no muy al fondo de la casa de la cultura donde había nacido y desarrollado sus habilidades artísticas, de dispuso a tomar asiento en la primer banca de concreto que daba a la puerta del costado del templo y que justamente al frente apreciaba la fuente en cantera rosada sin funcionar por las noches, los viejos recuerdos ahogaron su mente de uno en uno, comenzando a recordar cuando era niña y su padre la traía todos los domingos a la fuente a disfrutar de un delicioso helado, mientras ella miraba la inmensidad del campanario en las alturas donde quizá nunca crecería tanto para alcanzarlo.
El frió seguía amenazando, golpeaba fuertemente los árboles despojando de las hojas secas aferradas absorber la ultima gota de agua que les volviera la vida, Luna se puso de pie envolvió el cuerpo dentro del abrigo, de pronto se detuvo al paso del torbellino de aire helado que parecía arrancar su cuerpo, se dirigió había la fuente de cantera aquel lugar prometía una velada hermosa teniendo como vista la inmensidad del tempo, las cruces encendidas con luces verdosas y al alzar la vista mirar el campanario iluminado por desde el piso por relucientes luces, el roció a su paso excitaba los pistilos de las rosas haciendo estas dejaran escapar su aroma, endulzando la pequeñita nariz de Luna.
Cruzo los brazos para sentir un poco de calor y desinhibir la tentación dentro de ella que la impulsaba a subir al campanario, una osadía parecía porque finalmente así lo hizo, y que por surte encontró abierta la puerta que daba a las escaleras.
Con los pies ya cansados y la pupila dilatada el vestido se ensuciaba mas a cada paso subiendo cada peldaño de la escalera en caracol que sin duda llegaría al campanario.
Asomo la puntiaguda nariz de la oscuridad que de inmediato fue iluminada por luz de su nombre la luna. Hacia mas frió en las alturas, atrapada en la oscuridad solo percibía el olor a excremento de los cientos de palomas que sin duda habitaban en el lugar, cruzo con cuidado y temor las gigantescas campanas doradas de acero, del otro lado la esperaba un pequeño barandal de plomos oxidas que dividía el precipicio de su cuerpo.
Contemplando la hermosa vista de la ciudad de Acema dejo volar su imaginación…
-Seria hermoso tener alas y dejarme caer al precipicio para levantar el vuelo en el espesor del manto nocturno, recorrer toda la ciudad cuando se encuentra dormida, así mi vida no seria tan triste falsa y descomunal…
-¿Así que quieres tener alas? Y ¿tu vida es descomunal?- escucho una voz de trueno que venia de la oscuridad, se le erizo la espina dorsal, se dio la vuelta inmediatamente, los latidos de su pecho aumentaban al cien porque a sus ojos no percibía nada, con voz trémula pregunto:
-¿Quién eres?-
No obtuvo respuesta alguna, apresurando el paso cruzando nuevamente por las campanas, sintió de pronto unas filosas garras que le sostuvieron por el cuello.
-¡No hullas hermosa Luna!- nuevamente esa voz de trueno que le hizo pasar saliva atorándosele en la apretada garganta.
-¿Quién eres?- volvió a preguntar Luna con voz tenue.
-Soy un turista nocturno- respondió el sujeto, respuesta que no lleno de confianza a Luna.
Le ciño entonces por la cintura oprimiendo furiosamente su cuerpo, Luna estremecía y enmudecía por tan salvaje arrebato, el misterioso sujeto acerco los labios al oído derecho de Luna sumergiéndole la lengua por el orificio y retorciéndose dentro de su oído. Luna sentía correr temor por sus venas tenia el prepucio a punto de soltar líquido por tanto miedo producente del ataque de ese hombre, animal o bestia.
Fue entonces que después de deleitarse de los rastros de perfume que perduraban en el oído de Luna, aquella noche nueva sin tiempo parecía que anunciaría una nueva historia o culminaría una vida joven.
Juntos y en silencio…Luna solo sentía en su cuello evaporar el tibio aliento del sujeto salvaje, a cada respiración se le entumecía el corazón, no sabia que pasaría, que fuese de ella en garras de aquel turista. Una lagrima que brillo a la luz de la Luna anunciaba el pánico existente en una hermosa mujer atacada por el demonio. El decidió sembrar mas suspenso en el freso aire de la noche, cuando acercase a su oído y presento a la dama con voz grave y monótona…
-Mi nombre es Rafallely y he venido para amarte…-
De pronto en el mismo instante soltó de una ráfaga a Luna y se lanzo al precipicio desde la altura del campanario, Luna raciono rápidamente y apresuro al barandal pero fue inútil el rastro de Rafallely se había ido con la noche. Alzo la vista y contemplo el nacer el sol de un nuevo día en donde se encontraba viva gracias a Dios, pero llena de dudas que le hacían enloquecer, como explicarse lo acontecido en el campanario, como saber si fue realidad t sobre todo, la pregunta del millón ¿Quién diablos era Rafallely?.
FANY ROMERO